Huelgas y manifestaciones en España: ¿Son inútiles?

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Hoy, día 14 de Noviembre de 2012, la huelga ha sido un éxito. Una vez más la gente salió a la calle a mostrar el grandioso cabreo que llevamos todos dentro. Todo para volver a casa y observar cómo cada uno de los actores participantes se inventaba la cifra de asistencia que más le convenía. Una vez más, la gente salió engañada.

Cuando algunos dicen que las huelgas no sirven para nada, lo dicen por padefos  o porque son fieles defensores del concepto EJPAÑA. Nosotros defendemos que, efectivamente, las huelgas no sirven para nada… por sí solas.

Aviso a navegantes: Por favor, lee todo el artículo o te llevarás una impresión equivocada de lo que aquí se quiere transmitir.

El Objetivo de las huelgas

La gente necesita comprender que las manifestaciones son sólo una demostración de fuerza. No cambian nada si uno sólamente se manifiesta. Son, por decirlo alguna forma, la “teoría” que necesita de una “práctica”. Necesitan verse extendidas en un voto, acción directa, en acción sindical (participación en convenios y demás luchas formales con aplicación real), o el revulsivo interno de un partido, sea contra la corrupción, el nepotismo o cualquier otro vicio. Podríamos llamar al conjunto de estas acciones lobbysmo popular. Imprescindible para una democracia sana y que funcione decentemente.

Sin embargo, ¿Cuantas manifestaciones llevamos desde el 15 de Mayo de 2011? ¿Decenas de miles quizá? El Ayuntamiento de Madrid las cifraba en 2.732 sólo hasta septiembre de 2012, y ya estamos cerca de cumplir dos años desde el #15M. Ahora pregúntate: ¿Cuantas cosas han cambiado desde entonces?

Las pocas cosas que han cambiado, o que pudiésemos decir que ha conseguido el #15M , la PAH o demás organizaciones de corte indignado, son el resultado, precisamente, de este lobbysmo popular, no de sus manifestaciones. Y lo cierto es que, aunque algunas de las cosas que han conseguido son realmente loables (sobre todo la PAH y Stop Deshaucios, un ejemplo de lo que llamaríamos acción directa) lo cierto es que suelen ser de un impacto bastante pobre, de perfil bajo. Siendo sinceros, tienden a ser exageradas.

Citando a Susan George en Informe Lugano:

Algunas sugerencias. La primera es no verse atrapado por el “se debe hacer”, “hay que hacer” y los sermones dominicales. Suponer que cualquier cambio, por el mero hecho de que contribuiría a la justicia, a la igualdad y a la paz, sólo necesita ser explicado para ser adoptado es una de las ingenuidades más tristes e irritantes. Muchas buenas personas – y, además, inteligentes – parecen creer que una vez los individuos y las instituciones con poder hayan comprendido realmente la gravedad de la crisis (de cualquier crisis) y la urgente necesidad de ponerle remedio, se darán una palmada en la frente, reconocerán que han estado equivocados hasta entonces y, en un arranque de inspiración, darán instantáneamente a su conducta un giro de 180 grados.

El impacto sobre la realidad social de este país es bajo porque, habitualmente, la gente está llena de entusiasmo para acudir a las manifestaciones pero muestra poco o nulo interés a la hora de concretar propuestas o levantarse por la mañana y currar en algo que no está remunerado. Incluso algo tan vago y fácil como una firma para presentar una petición en alguna institución suele causar problemas.

¿Qué hacemos a parte de manifestarnos?

Desde luego, por lo menos si hablamos de cauces formales, podemos resumirlo en pocas cosas y mal hechas. Una de las conclusiones que se desprenden del informe del Colectivo IOE (usando encuestas del CIS) sobre la participación política de los españoles hasta el 2007 (¡ya antes del crack de 2008!) es, en nuestra opinión, esclarecedor:

La escasa participación directa en los asuntos públicos contrasta con la opinión mayoritaria de que “es necesario introducir mecanismos para que los ciudadanos participen más directamente en las decisiones políticas” (68,4%). Existe una paradoja que ha sido frecuentemente interpretada como “cinismo político” de los españoles: por una parte, los ciudadanos afirman los principios democráticos aunque sin implicarse personalmente en ellos y adoptando, más bien, una actitud pasiva y dependiente, con escasa capacidad de intervención social; por otra, legitiman con su voto a los representantes políticos, al acudir masivamente a las urnas cada cuatro años, pero luego desconfían de ellos y les acusan de “violar en la práctica los motivos morales y los valores éticos”. Del mismo modo, se acusa a los políticos profesionales de acaparar las decisiones políticas y se exigen más cauces de participación directa, si bien la mayoría reconoce que tiene poco interés por la política y ni siquiera es tema de conversación habitual con amigos o familiares

Afiliación sindical

Variación o evolución de afiliados a los sindicatos en España

Desde luego, vista la variación o evolución de afiliados a los sindicatos en España, no estamos para tirar cohetes. En 2009 en España volábamos por el 19%, como se refleja en la tabla de estimaciones de 2009 de la Fundación 1 de Mayo. Al año siguiente ya había bajado hasta un 16,4%. Y Como podéis observar en la tabla de la evolución de la afiliación sindical en España, no se producía un descenso de ésta desde 1985, aumentando hasta 2010, momento en el que se produce otro descenso.

Nos ha costado bastante encontrar los datos. Suelen estar poco accesibles y, a juzgar por las fuentes de los mismos, no sería muy aventurado decir que puede que sean más optimistas de lo conveniente, lo cual desde luego no mejora la situación.

¿Por qué la afiliación es tan baja en una situación como la actual?

Intuitivamente uno pensaría que la afiliación sindical desciende porque los sindicatos son unos vendidos. En realidad esta afirmación no conduce a ningún sitio, es simplemente un lema.

En primer lugar, no existe algo como los sindicatos. Existen muchos sindicatos, de muy diferente color y que defienden diferentes intereses. Tampoco los sindicatos son iguales a todos los niveles. No es lo mismo un comité de empresa que el señor Méndez. No es lo mismo CGT que UGT, y eso por no hablar de la CNT o sindicatos sectoriales. Desde luego las comparaciones, para cualquiera que estuviese informado del tema, serían ridículas.

En segundo lugar los sindicatos son organizaciones que también defienden sus intereses. La mayoría de sus afiliados son trabajadores industriales o del sector público de ~40 en adelante, y en defender a este perfil es en lo que se esfuerzan. Como consecuencia el resto del espectro de trabajadores (la mayoría) no participan en los sindicatos, de forma que no tienen incentivos para defender estos colectivos. Como veis, es la pescadilla que se muerde la cola.

Y el resultado se puede ver perfectamente en nuestro mercado laboral: Un contrato indefinido y unos funcionarios bastante protegidos (por lo menos hasta que el PP entre a decretazo) y el resto de la población, sometida a los contratos temporales, luchando en una selva. El siguiente gráfico (que le robamos a Politikon) lo deja bastante claro.

dualidad mercado laboral

No confundir afiliados con activos, No hay datos que conozcamos sobre el porcentaje de activos (obvio), pero parece lógico pensar que debe ser bastante menor atendiendo a la pirámide de participación (Engagement Pyramid), un concepto pensado para sistemas online (gracias a lo fácil y preciso que resulta implementar métricas en páginas web), pero que muy probablemente sea aplicable a cualquier tipo de organización social con algunos pequeños ajustes.

pirámide de participación

Afiliación a partidos políticos

Variación de la afiliación a partidos políticos

Veamos entonces que sucede con los partidos políticos. Nuestros amigos los partidos aumentaron su cuota de afiliados en un 35,32% de 2000 a 2008 en una tendencia claramente contraria al resto de los países de Europa (algo curioso esto de ir siempre contra el ciclo en toda clase de indicadores). Por increíble que pueda parecer este dato, es bastante engañoso, ya que en pleno 2008, de 35.073.179 personas que formaban el electorado, 1.530.803 estaban afiliadas a partidos políticos, que viene siendo un 4.36 % del electorado. Es probable que el número de afiliados sea incluso menor, ya que resulta bastante complicado obtener datos fiables de la afiliación a partidos políticos (y parece ser que no somos los únicos, a juzgar por lo que hemos estado leyendo mientras nos documentábamos), de la misma forma que sucedía con los sindicatos. En resumidas cuentas, un 4,36% del electorado está decidiendo el destino del 95,64% restante. No hace falta ser muy sagaz para darse cuenta de que la situación no es precisamente idílica, y no es porque, como explicaremos más adelante, darle un susto a una agrupación local sea demasiado complicado.

Re: No confundir afiliados con activos, Ver explicación anterior

El voto tampoco funciona

evolución abstención españa

No sorprendemos a nadie con esto. Como se viene diciendo por ahí, la abstención es el partido más votado. Y no deja de ser curioso el cabreo tan bestia que hay con los partidos políticos, porque luego no acaban de casar del todo con los resultados de las elecciones. Es lo que tiene la democracia, supongo. Y no, la ley D’Hont tiene sus fallos, pero no marca diferencias sustanciales (para más indicaciones seguir este enlace, es imprescindible).

Precisamente hoy en Politikon han estado debatiendo sobre si votar debe ser un derecho o una obligación. Os recomiendo la lectura, no tiene desperdicio.

Otras formas de participación

Hemos tenido muchos problemas en este apartado para encontrar información algo elaborada (o cualquier cosa que no nos llevase una barbaridad de tiempo, del que no disponemos), así que nos remitimos al informe del colectivo IOE del que hablábamos antes, aunque con ciertas reticencias, ya que es pre-2008 y no tenemos clara qué representatividad tiene. Como podéis ver, hemos tratado de usar siempre datos post-2008. El informe es de 2007 pero muchos datos que refleja son del 2002 o de años anteriores.

diversas formas participación ciudadana

El balance general muestra que la mayoría de la población se manifiesta dispuesta a ejercer su derecho a participar directamente en asuntos públicos (suma de las tres primeras opciones recogidas en el gráfico 1). Sin embargo, sólo ejercita ese derecho en torno al 20% (menos del 10% lo hizo durante el último año)

Como hemos dicho, no tenemos claro qué opinar de este informe, pero aún así nos ha parecido muy interesante. Aquí el enlace.

Además, hay muchos otros datos que nos gustaría tener para poder hablar, por ejemplo, de la participación en plataformas asociadas al #15m con propiedad (nada de opinología) pero lamentablemente no puede ser.

Participando

¿A qué conclusión llegamos? A que la gente asocia la idea de manifestarse a luchar por sus derechos, cuando es posible que, a día de hoy, sea la menos efectiva de todas ellas.  Mientras tanto la afiliación sindical y los partidos políticos pasan a un segundo plano, la abstención crece, y el drama social de este país se incrementa por momentos.

Manifestarse no es incompatible con la militancia. Estar en la calle no es incompatible con estar en la estructura. Ninguna de estas cosas son excluyentes.

El dilema del voto

Algo a lo que, a nuestro juicio, deberíamos otorgar gran importancia es al voto, y sin embargo cada vez menos gente acude a las urnas en las elecciones.

Resulta algo hipócrita quejarse de la situación social, manifestarse y rasgarse las vestiduras con los resultados de las elecciones, ya que en gran medida es el electorado de izquierdas el responsable de este aumento de la abstención (IU a penas ha recogido votos, UPyD creció pero no para tirar cohetes). El voto es una manifestación importante de nuestra voluntad. Que luego los resultados no sean los que nos gustan, es otra cosa, pero recordamos que la democracia tiene estas cosas. Se toma a la ligera el voto, cuando vamos a sufrir, y de manera muy clara, sus consecuencias. Se debe crear conciencia de la importancia del voto y de su uso estratégico y responsable, y no ir a meter un papelito aleatorio a la urna. Una sociedad que se abstiene es gobernada por quien no quiere. Votar es importante, y más si uno no solamente vota.

Citando a Pablo Simón en su artículo sobre el voto:

Como los abstencionistas no participan los partidos tienen menos incentivos para hacer políticas a su favor y, por lo tanto, también se abstienen más. A esta desigualdad yo añadiría una menos tratada: los jóvenes también se abstienen más, lo que también explicaría su abandono por parte de los poderes públicos.

Los sindicatos

Con respecto a la afiliación sindical, llevamos repitiendo desde el principio que hay una clara contradicción entre lo que la gente dice y lo que hace; se quejan por la situación laboral y sin embargo los sindicatos tienen un porcentaje bastante bajo de adhesión (considerando como está el patio). Cuantos menos afiliados, menos fuerza y respaldo tendrá el sindicato, y por lo tanto menor capacidad de negociación para resolver estos problemas. Afiliarse a un sindicato y participar en él, es una forma bastante directa de atacar estos problemas.

Hay una cosa que sucede con los sindicatos especialmente llamativa: La participación es muy baja, tienen poco apoyo (son los sindicatos, igual que los políticos, sin distinguir) y sin embargo cuando a alguien se le ocurre azuzarlos el país entra en cólera. Nos remitimos a la primera cita del Colectivo IOE.

La invasión

El concepto de invasión lo sacamos del señor Roger Senserrich, en un artículo que escribió hace no mucho y que nos planteó esta idea. Merece la pena leerlo.

La invasión consiste a grandes rasgos en poner de acuerdo a un grupo de gente importante (pongamos 200 personas, only in the internet) y metiéndolos, por ejemplo, en la agrupación local de un partido político; unos cuántos militantes montan más guerra que unas manifestaciones, huelgas, etc (recordemos que suelen ser cuatro gatos). Y puede ser realmente divertido.

Otras formas de participación

 Como ya comentábamos, algunos colectivos como la PAH, Stop Deshaucios y otros que se nos olvidan, hacen cosas interesantes. Normalmente en estos colectivos de corte indignado los que realmente hacen cosas suelen estar bastante solos, porque acudir a montarla por ahí está muy bien, pero meterse con papeleo y levantarse por la mañana para ir a unos juzgados, es harina de otro costal. Y no hace falta ser abogado o economista para muchas de las cosas que hacen y que tienen efectos reales.

(no citaremos aquí ejemplos por la dispersión de datos, falta de tiempo, y ya larga extensión del artículo)

Hay un concepto que la gente debería tener presente: Accountability (o rendición de cuentas, para los que no queremos ir de anglófonos guays). Si la sociedad no le presta verdadera atención a sus representantes, el asunto acaba viciado. Y las manifestaciones son, probablemente, la forma más débil de actuar. Después de todo (lo que hemos vivido en estos dos últimos años), así vamos a entrar en España al 2013.